Clientes que inspiran

En el sector profesional en el que trabajo  hay un mundo entre trabajar con gente que se deja aconsejar, a trabajar con gente totalmente escéptica que viene aquí casi por obligación(en realidad en todos los sectores).

Tener clientes locos puede ser el mejor de los regalos, son y serán un fuente de inspiración brutal. Sus proyectos, sus pequeños mundos y sus ideas apuntando siempre hacia delante. Crecer con ellos, tener la suerte de conocer, entender y compartir todo tipo de ideas, entrar en los debates más sanos, crear junto a ellos, ayudarles a materializar sus proyectos, ver como lentamente crecen y cuajan, eso no tiene precio.

A veces tienes la suerte de trabajar durante el tiempo que dura un proyecto con personas que te inspiran por mil motivos diferentes, otras, sólo otras, tienes la mala suerte de trabajar con personas que están a un abismo de tu manera de entender  esto que nos rodea. Se detectan rápido, son esos que no vienen a escuchar, vienen a mandar porque van a pagar, personas que tienen de repente mucha prisa, personas que no interactúan porque aquí han venido a trabajar. Y como explicarles que para que todo vaya mejor, tenemos que congeniar aunque solo sea por un instante, aunque solo sea por ese objetivo que vamos a hacer común estos meses. Personas que te hacen pensar que si todos tus clientes fueran así no tendría mucho sentido seguir con esto,  personas que no valoran nuestro mimo por lo que hacemos, personas que no han entendido bien que es eso de la presión, personas que se olvidan de ser personas.

La presión no se puede inventar, la presión la marcan los plazos reales nunca los mentales, la presión mal entendida hace estragos en la creatividad y en el pensar de muchos, los enfados constantes poco ayudan a remontar los vuelos, las poses  hacen perder fuelle y siempre te acaban apartando del principal objetivo.

Pero un buen día llega un cliente, parece despistado al entrar en nuestra oficina, pero su tranquilidad y su sonrisa al  cruzar la puerta ya apuntan maneras, si los de antes aprendieran de este, verían que nosotros no funcionamos con esa presión inventada, el gusto es lo que nos mueve, es nuestro compromiso para con el cliente lo que nos hace forzar la máquina. Clientes que infundan pasión con sus ideas, con risas que embalsaman  los días más largos y todo esto sin perder un ápice de seriedad en el proyecto, personas que te transmiten, que te catapultan, que te multiplican y porque no decirlo, que te hacen mejor.

Aquí el placer es nuestro y el gusto es la cuna de los proyectos más espectaculares.

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